Un ETF (del inglés Exchange-Traded Fund, o fondo cotizado) es un fondo de inversión cuyas participaciones se compran y se venden en bolsa durante toda la sesión, igual que las acciones de una empresa. La mayoría de los ETF no intentan «batir al mercado»: se limitan a replicar el comportamiento de un índice de referencia, como el S&P 500, el IBEX 35 o un índice global de renta variable.
Cómo funciona un ETF
Cuando compras una participación de un ETF que sigue al S&P 500, estás comprando de forma indirecta una porción de las 500 empresas que componen ese índice, en la misma proporción que tienen dentro de él. El gestor del fondo se encarga de mantener esa cartera ajustada cada vez que el índice cambia.
Existen dos formas principales de replicar un índice:
- Réplica física: el fondo compra directamente los valores que forman el índice (todos o una muestra representativa).
- Réplica sintética: el fondo utiliza derivados (normalmente un swap con un banco) para obtener la rentabilidad del índice sin comprar los valores. Es más eficiente en algunos mercados, pero añade riesgo de contrapartida.
En Europa, la mayoría de los ETF disponibles para el inversor particular están regulados bajo la normativa UCITS, que impone límites de diversificación y requisitos de transparencia.
Acumulación o distribución
Un ETF de acumulación reinvierte automáticamente los dividendos que pagan las empresas dentro del propio fondo. Uno de distribución te los abona periódicamente en efectivo. La versión de acumulación facilita el efecto del interés compuesto a largo plazo; la de distribución es útil si buscas rentas periódicas.
Qué costes tiene
- Comisión de gestión (TER): suele situarse entre el 0,05 % y el 0,50 % anual en los ETF indexados, muy por debajo de la media de los fondos de gestión activa.
- Horquilla de compraventa (spread): la diferencia entre el precio al que puedes comprar y vender en cada momento.
- Comisiones del bróker: por cada operación y, en algunos casos, de custodia.
- Diferencia de seguimiento (tracking difference): la pequeña desviación entre lo que gana el ETF y lo que gana el índice.
Riesgos que asumes
Un ETF no elimina el riesgo de mercado: si el índice cae un 30 %, tu ETF caerá aproximadamente lo mismo. A ello se suman el riesgo divisa (si el ETF invierte en activos en otra moneda), el riesgo de contrapartida en los ETF sintéticos y el riesgo de liquidez en productos muy nicho o poco negociados.
Fiscalidad: revisa las reglas de tu país
El tratamiento fiscal de los ETF varía mucho según dónde vivas. En España, por ejemplo, tradicionalmente no han disfrutado del régimen de traspaso sin peaje fiscal que sí tienen los fondos de inversión tradicionales: al vender un ETF con plusvalías tributas por ellas aunque reinviertas de inmediato. En países de Latinoamérica las reglas son distintas entre sí (retenciones, convenios de doble imposición, si el bróker es local o extranjero) y cambian con cierta frecuencia. Este punto conviene confirmarlo siempre con un asesor fiscal de tu país antes de invertir.
Qué vigilar antes de comprar
- Qué índice replica exactamente y en qué divisa está denominado.
- El TER y el patrimonio del fondo (los muy pequeños tienen más riesgo de cierre).
- Si es de réplica física o sintética.
- Si es de acumulación o distribución, según tu objetivo.
- El domicilio del fondo (Irlanda y Luxemburgo son habituales) por sus implicaciones fiscales.
Este contenido es informativo y educativo y no constituye asesoramiento de inversión. Invertir conlleva riesgo de pérdida de capital.