Un verano que ya no concentra todo el turismo
Durante décadas, el modelo turístico español se construyó sobre un supuesto simple: el grueso de los visitantes llega en julio y agosto. Ese supuesto empieza a resquebrajarse. Según los datos citados en el reportaje de origen, el porcentaje de turistas extranjeros que visitan España en los tres meses de temporada alta ha descendido de forma continuada: del 35,5% en 2022 al 33,6% en 2023, el 33,1% en 2024 y el 32,8% en 2025. Es un cambio gradual, pero persistente, y con implicaciones directas para un sector que representa una de las mayores industrias del país.
Qué dice el dato
La tendencia no es solo estadística de fondo: los primeros datos de 2026 la confirman. Mayo superó por primera vez los 10 millones de visitantes, con un crecimiento del 2,5% en pernoctaciones hoteleras (900.000 más), mientras que junio, tradicionalmente un mes de arranque de temporada alta, registró una caída del 1% (330.000 pernoctaciones menos) y una llegada de viajeros inferior a la de mayo. Julio, por el efecto contrario, apenas creció un 0,3%. La agencia Destinia aporta otra pieza del rompecabezas: mayo pasó de representar el 16,6% de las reservas del semestre central del año en 2023 al 18,4% en 2026, septiembre se consolida como el mes ganador de la desestacionalización y octubre casi duplicó su cuota, del 2,6% al 4,7%.
Por qué importa para el mercado
El fenómeno tiene lecturas económicas de calado. La primera, y más citada por las fuentes del sector, son los precios: las tarifas hoteleras medias superaron los 156 euros por habitación este verano, según el INE, en un contexto de billetes de avión encarecidos por la crisis del queroseno. Cuando viajar en temporada alta se vuelve prohibitivo para buena parte de la demanda, el gasto turístico se redistribuye hacia meses con tarifas más accesibles, lo que obliga a hoteles, aerolíneas y agencias a repensar su gestión de ingresos (revenue management) a lo largo de todo el año, no solo en el pico estival.
La segunda variable es la masificación. Destinos como Marbella registran una ocupación media del 85% en los últimos cuatro años, un nivel que el sector define como «lleno técnico»: no hay margen físico para crecer más en temporada alta, lo que empuja de forma natural a operadores y viajeros a buscar meses alternativos. A esto se suma el cambio climático, con temperaturas cada vez más elevadas en los meses centrales del verano, factor que también empieza a desincentivar los viajes en julio y agosto.
Para el mercado, la desestacionalización implica una recomposición de ingresos más estable a lo largo del ejercicio, algo que en teoría beneficia a las compañías hoteleras y de transporte al reducir la concentración de riesgo en tres meses. Sin embargo, no todas las voces del sector coinciden en su valoración: representantes vecinales, como la plataforma que organizó una manifestación de 25.000 personas en Palma este verano, advierten de que ampliar la temporada alta a seis meses —o más— solo extiende en el tiempo los problemas de presión inmobiliaria y saturación de servicios públicos que ya sufren los destinos más visitados.
Qué vigilar
- Evolución de las pernoctaciones hoteleras mes a mes, especialmente en mayo, septiembre y octubre, como termómetro real de la desestacionalización.
- Comportamiento de las tarifas hoteleras y aéreas en temporada alta frente a temporada media, y su efecto en la demanda.
- Niveles de ocupación en destinos con «lleno técnico» como Marbella, y su capacidad de absorber más turistas sin fricciones.
- Respuesta de las administraciones autonómicas, especialmente en Baleares, ante la presión vecinal y las protestas contra la masificación.
- Impacto del cambio climático en la elección de fechas de viaje hacia primavera y otoño.
Fuente: Carlos Molina Infante. Este contenido es informativo y no constituye asesoramiento de inversion.